En la otra noche de mi presencia terrena, remarcando una angustia que venía de cualquier parte, residí en mi propio ser, sólo esa noche, entre lamentos del pasado y del futuro que no será. Espaciosa experiencia el habitarse, después de haber colgado palabras y palabras, bichos horrendos, mutaciones de la conciencia oscura y del claro delirio, cómo hacer mía a la palabra, esa única palabra que nunca habrá de volver a ser nombrada? De dónde sacar el aliento que da forma al futuro que será? cómo se vive dentro de lo que no se cree?
Un día creí en el éxito, en la felicidad, en la bienaventuranza de sentirse a salvo. He entendido que de creencias como esa se compone dios y su exquisito absurdo, de creer en que el buen vivir económico, incluso afectivo, tiene algo que ver con la vida, ya la escasez de abrazos me ha quitado en gran medida su deseo, ya esta falta de muerte en todo lo que hago me ha quitado un poco este odio por la vida, pero óyeme y proclama mi falacia, es este el delirio, no el otro, el delirio es pensar que decir tiene relación alguna con el ser. Las palabras y su hechizo que termina por hacernos jurar que somos otros, cuando ni siquiera somos estos, no dejo de odiar, quizá jamás comencé, pero me obligo a destruir por si las dudas y las moscas y todo aquello digno de ser mirado con atención.
En la otra noche de mi presencia terrena, me supe o supuse habitada, el amor esperado llegaba y su forma era la mía, no se sabe qué pueda decir a este respecto, sólo quizá que sentí asco.
(el Búho es sólo el revés, no la contraparte, sólo la expresión de ambivalencia, oh falsa engañada engañadora!)
Un día creí en el éxito, en la felicidad, en la bienaventuranza de sentirse a salvo. He entendido que de creencias como esa se compone dios y su exquisito absurdo, de creer en que el buen vivir económico, incluso afectivo, tiene algo que ver con la vida, ya la escasez de abrazos me ha quitado en gran medida su deseo, ya esta falta de muerte en todo lo que hago me ha quitado un poco este odio por la vida, pero óyeme y proclama mi falacia, es este el delirio, no el otro, el delirio es pensar que decir tiene relación alguna con el ser. Las palabras y su hechizo que termina por hacernos jurar que somos otros, cuando ni siquiera somos estos, no dejo de odiar, quizá jamás comencé, pero me obligo a destruir por si las dudas y las moscas y todo aquello digno de ser mirado con atención.
En la otra noche de mi presencia terrena, me supe o supuse habitada, el amor esperado llegaba y su forma era la mía, no se sabe qué pueda decir a este respecto, sólo quizá que sentí asco.
(el Búho es sólo el revés, no la contraparte, sólo la expresión de ambivalencia, oh falsa engañada engañadora!)