sábado, 27 de septiembre de 2008

Inspírame (confianza)

Desde siempre escuché las mismas cosas, el deber ser como inundándome, el deber ser como diciéndome, nombrándome. Habían ecos difusos, pero nunca supe cómo restaurar esa mitad perdida, por eso me resulta tan seductora tu mirada del mundo, la envidia me corroe, a la vez que me enamoro de la voz con la que vives.
Empalagosa la cobardía del resumiente, de la existencia resumida, del soplo de nada, de inconciencia veloz que enmarca el delirio en eso que es llamado a ser "lo otro", como si pudiera yo vivir sin eso que me tildan de aderezo.
Una piel resquebrajada podría ser muchas pieles en un día como hoy, pero pasa que no es cómodo, pero pasa que no pasa, que hay que hacerlo, y no lo hago no, más bien lo ahogo.
Tanto tiempo tras una cortina para terminar dándose cueta de que es la cortina, se funde, arrancarla saca jirones de piel, que puede ser tanta pieles, pero no.
No entiendo cómo se hace esto, al final simplemente hablo y en mi voz hay lagartijas y veranos imposibles, pero no hay eso, lo otro, lo que pretendo (quisiera o finjo).
Que llene yo mis espacios con el silencio de la bulla, que no haya lugares que decir ni momentos que espantar, sólo silencio y deber ser.
Que olvide yo que pudo ser, que quiso ser, que quiso ver, y que no supo.
O podría dejarme llevar de una vez, asimilar la lluvia como quise, olvidarme y recordarte insospechadamente cerca, saber que era esto lo que hacía falta, no la melancolía, no el dolor, no un enamoramiento, no tiempo, no insomnio, otra cosa.
No sólo el deseo basta, hay que aplicarse y sobre todo decidir "esto quiero", tanto temor no me sirve, tanta piel tantos jirones. Tanto mirarte y bajar la vista, tanto beber de lo que eres, asustada de lo que soy.
No más desesperanza, al menos por hoy.

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