yo andaba buscando(te) por caminos de sed y de sol, por caminos de miradas y de voces que de pronto me estallaban en la frente y me dejaban arrinconada en una esquina rodeada de girasoles hambrientos o quizá a la espera, lo que es decir más o menos lo mismo.
no tenía tiempo, a pesar del derroche, quería encontrar esa palabra que al nombrar la noche la redujera a llanto o a una ceniza próxima.
yo andaba buscando y de pronto me encontraba algo que parecía obedecer sin esfuerzo a los caprichos de mi fantasía, sus bordes era los bordes mismos de mi anhelo fantasmático, y era mi goce máximo saber de antemano que nada es eterno, ni siquiera de curación aceptable (juro que mi intecnión era escribir "Duración aceptable"), era mi goce saberlo y lanzarme como si cada día fuera el último, pero un día de pronto se me murió el masoquismo.
dejar los brazos abiertos por el estrecho corredor de mis pupilas, anhelantes, pero despiertas, desconfiadas, sordas de entrega y de promesas, ya no me permití ser nunca más la parte ingenua de la ecuación.
aparece la nube y lo que queda es el llanto, creer de nuevo, saber de nuevo que no era posible el sol ni en el desierto, saber que la huída acaba con todo porque sabe que no puede, sabe que la huída es inútil, entonces destruir todo y de pronto del otro lado lo otro también e persona y también tiene algo que hacer y decir, lo tóxico, lo violento y mi silueta dibujada por otra luz, la sombra implica eso, la fuente de energía que está afuera, cuerpos celestes recortados por la noche de su adentro, de todo su adentro negro y pesado, masa como un imán que corta la respiración y que termina quemando el mundo que lo alberga como sin quererlo, como detestándolo, como destetándolo, imágenes, sólo son imágenes, después la nube como constatación de que está el vacío, el lugar del miedo, el lugar de la duda de cualquier color, las cosas que no pasan y las cosas que sí, imaginé la desnudez de otra palbra sonriente y quizá tragada por el hielo de los (g)ritos inconfundibles de la negación, del desamparo y de la insoportable soledad que me ha de quitar la vida en cualquier momento, pero justo en este, no, porque sería demasiado fácil abandonarse cuando se siente en abandono, cuando se sabe en el abandono más cruel, ese que no lo es, sólo la consttación de que no se tuvo nada, no hay pérdida tras los brazos cerrados, una ves más me convierto en la parte ingenua, como si no tuviera ya suficiente en qué pensar.
yo andaba buscando(te), y encontré lo mismo de siempre, nada.
no tenía tiempo, a pesar del derroche, quería encontrar esa palabra que al nombrar la noche la redujera a llanto o a una ceniza próxima.
yo andaba buscando y de pronto me encontraba algo que parecía obedecer sin esfuerzo a los caprichos de mi fantasía, sus bordes era los bordes mismos de mi anhelo fantasmático, y era mi goce máximo saber de antemano que nada es eterno, ni siquiera de curación aceptable (juro que mi intecnión era escribir "Duración aceptable"), era mi goce saberlo y lanzarme como si cada día fuera el último, pero un día de pronto se me murió el masoquismo.
dejar los brazos abiertos por el estrecho corredor de mis pupilas, anhelantes, pero despiertas, desconfiadas, sordas de entrega y de promesas, ya no me permití ser nunca más la parte ingenua de la ecuación.
aparece la nube y lo que queda es el llanto, creer de nuevo, saber de nuevo que no era posible el sol ni en el desierto, saber que la huída acaba con todo porque sabe que no puede, sabe que la huída es inútil, entonces destruir todo y de pronto del otro lado lo otro también e persona y también tiene algo que hacer y decir, lo tóxico, lo violento y mi silueta dibujada por otra luz, la sombra implica eso, la fuente de energía que está afuera, cuerpos celestes recortados por la noche de su adentro, de todo su adentro negro y pesado, masa como un imán que corta la respiración y que termina quemando el mundo que lo alberga como sin quererlo, como detestándolo, como destetándolo, imágenes, sólo son imágenes, después la nube como constatación de que está el vacío, el lugar del miedo, el lugar de la duda de cualquier color, las cosas que no pasan y las cosas que sí, imaginé la desnudez de otra palbra sonriente y quizá tragada por el hielo de los (g)ritos inconfundibles de la negación, del desamparo y de la insoportable soledad que me ha de quitar la vida en cualquier momento, pero justo en este, no, porque sería demasiado fácil abandonarse cuando se siente en abandono, cuando se sabe en el abandono más cruel, ese que no lo es, sólo la consttación de que no se tuvo nada, no hay pérdida tras los brazos cerrados, una ves más me convierto en la parte ingenua, como si no tuviera ya suficiente en qué pensar.
yo andaba buscando(te), y encontré lo mismo de siempre, nada.
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