lunes, 17 de noviembre de 2008

Resúmeme- dije.

Una forma de empezar a moverse, los brazos primero, como quien se pone ropa, o se la saca, pero asomar la cabeza al mundo e imaginarlo diferente, todo estaba partido por la mitad y nada se distinguía claramente, fue la búsqueda lo que acabó por confundirlo todo, será quizá una forma de decir o de sentarse en el mundo a ver como la vida pasa, como si tal nivel de mediocridad fuera al menos posible.
Por fuerza había que mantenerse siempre al margen del imprevisto, de la proximidad más tierna y de la razón perdida, por no decir prohibida que a esta altura de la jornada venía a hablar de lo mismo, pero qué callar cuando el sielncio era otro y su fulminante espacio cercaba el mundo y su horizonte burlesco cual arcoiris o cualquier otra cosa ridículamente rara o hermosa.
"Pasaba por aquí" "sólo miraba" hablar demás como explicando las carencias de la presencia harta de firmamentos y de reconocimientos visuales altamente prometedores de decepción, pero seguía mirando al cielo, considerando cada estrella en su distancia y cada noche como instancia úlltima de delirio "yo a la noche la inventé" se repetía en callados gritos "ella grita en silencio" la paradójica verdad apareciendo en la banalidad dolorosa de nunca estar donde quisiera, al menos las palabras se encontraban en el preciso lugar en que se habrían buscado, en caso de ser buscadas.
No querer mirarse mal, tratarse mal "no me dejes sola conmigo, no imaginas lo mal que me trato" habría querido decir cuando lo miraba la miraba los miraba de las múltiples formas que adopta el mirar cuando quisiera ser palabra oida y no furtivo encuentro con paredes sin ojos.
Sería esto? de esto iba todo? sí, el milagro, ese que se acaba ante la conjugación del verbo "afuera", ese que da risa al final del día, proque no ocurre. Religiosamente diría que el milagro es eso, el día, las gentes, qué sé yó, pero sufro también de falta de eso, al final siempre sobreviene la risa.
Qué sentido despedirse si el aludido, la aludida, los aludidos, miraban a otro lado cuando no a ellos mismos.
Siempre se trataba de lo mismo, siempre la forma oscura de resolverse que tendía a trampear durante el día, aparecía como sordo llamado de escucha atenta y cariñosa hacia allá, donde las flores estaban heladas y cansadas, no querer escribir más cuando algo le salía como quería, porque es peor lo malo cuando ha sido bueno antes, cosas así, así de confusas, absurdas extrañas, infantiles quizá, no quizá, seguramente.
Seguramente, seguridad y la llave a la bondad con el ser, aunque sea de papel y no sirva para nada, sé letra, le dijo, sé letra, pero qué letra podía callar el silencio hostil y eterno en que se dejaba al final del día, qué sutil y encantadora melodía de palabras haría parecer el silencio un arrullo, en ese sueño profético que acababa por repetir cada noche que el aliento a verso la dejaba.
Odiar la poesía, por sosa, por no tener sentido, por no tener utilidad, por no tener aplausos ni colores, pero colores sí tenía, si no... cómo escribir sin colores. La palabra, bicho bullente que zumba y zumba en mi habitación escondida de un mundo que definitivamente no la busca, optar por volverse loco en dosis semanales, quisiera un lugar de niebla donde cada eco de mi voz fuera una palabra ajena, reconociéndome, perdonando al fin todas las culpas, amar como única forma de perdón, "así tal como estás, así te quiero", eso es algo que no se escucha por aquí, sólo ese "bssss" que intuyo poesía próxima o delirio injustificado, pero siempre traspasable al idioma en que suena bien y no se entiende nada.




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