viernes, 21 de noviembre de 2008

de pronto

cristales, casi un sonido, casi la resistencia del ser ante el estrago de la conciencia, golepa a la cabeza(girando) la palabra límites, la palabra magia. salir de sí para encontrarse y de alguna forma el estallido, la inevitable risa desde una nueva ausencia... cristalina, siempre el ser, siempre la dulce presencia, siempre la ternura como una curiosa masturbación emocional, como una endorfina siempre escasa y siempre sorpendente por improbable, quemarse, estar en silencio con todo y sin embargo.
el por qué de la música, la palabra nunca bastó, había que devorarla entre milagros o entre proyectos de vuelo o de aterrizaje.
el peligro de una idea fija, constante, clara hasta la hipocresía, nubes de colores tapaban bastante mal lo otro, que no era, porque cómo podría ser, si faltan sueños por mirar hacerse nada, burbuja mínima y cruel, un poco amable, un poco vulgar, un poco hipnotizante, suficientemente espontánea e irreal.
caminos, siempre quedaba la última sonrisa, la última señal, escúchala escúchala, no habrá segunda opción, después será un silencio espeso que no dejará pasar del otro lado ni la luz ni el sonido, la irónica pregnuta y la lógica respuesta "no importa".
qué ganas de poder llevar a palabras este sonido, decir esta batería de mi oído como digo esa palabra de mis ojos, manos que a-traviesas con tu esencia, que es no-ser, qué envidia que das.
perderse otra vez, porque es agradable, como secuestrar la palabra ajena, la expresión marchita de otra cosa, lo de otro es de otro y ni siquiera es suyo.
el error comenzando donde yo termino, terminándome y haciendo estragos en lo que pensaba ser.
ahora dime que existo, ahora dime que importo, ahora dime, porque diciendo me haces, déjame que te haga diciéndote y así esperamos juntos, pero no revueltos, nuestras mutuas decepciones.
para concluir, digamos que vivir, digamos que ser, digamos que decir, digamos que escribir, y digamos que dejar de hacer como que la vida es otra cosa.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Resúmeme- dije.

Una forma de empezar a moverse, los brazos primero, como quien se pone ropa, o se la saca, pero asomar la cabeza al mundo e imaginarlo diferente, todo estaba partido por la mitad y nada se distinguía claramente, fue la búsqueda lo que acabó por confundirlo todo, será quizá una forma de decir o de sentarse en el mundo a ver como la vida pasa, como si tal nivel de mediocridad fuera al menos posible.
Por fuerza había que mantenerse siempre al margen del imprevisto, de la proximidad más tierna y de la razón perdida, por no decir prohibida que a esta altura de la jornada venía a hablar de lo mismo, pero qué callar cuando el sielncio era otro y su fulminante espacio cercaba el mundo y su horizonte burlesco cual arcoiris o cualquier otra cosa ridículamente rara o hermosa.
"Pasaba por aquí" "sólo miraba" hablar demás como explicando las carencias de la presencia harta de firmamentos y de reconocimientos visuales altamente prometedores de decepción, pero seguía mirando al cielo, considerando cada estrella en su distancia y cada noche como instancia úlltima de delirio "yo a la noche la inventé" se repetía en callados gritos "ella grita en silencio" la paradójica verdad apareciendo en la banalidad dolorosa de nunca estar donde quisiera, al menos las palabras se encontraban en el preciso lugar en que se habrían buscado, en caso de ser buscadas.
No querer mirarse mal, tratarse mal "no me dejes sola conmigo, no imaginas lo mal que me trato" habría querido decir cuando lo miraba la miraba los miraba de las múltiples formas que adopta el mirar cuando quisiera ser palabra oida y no furtivo encuentro con paredes sin ojos.
Sería esto? de esto iba todo? sí, el milagro, ese que se acaba ante la conjugación del verbo "afuera", ese que da risa al final del día, proque no ocurre. Religiosamente diría que el milagro es eso, el día, las gentes, qué sé yó, pero sufro también de falta de eso, al final siempre sobreviene la risa.
Qué sentido despedirse si el aludido, la aludida, los aludidos, miraban a otro lado cuando no a ellos mismos.
Siempre se trataba de lo mismo, siempre la forma oscura de resolverse que tendía a trampear durante el día, aparecía como sordo llamado de escucha atenta y cariñosa hacia allá, donde las flores estaban heladas y cansadas, no querer escribir más cuando algo le salía como quería, porque es peor lo malo cuando ha sido bueno antes, cosas así, así de confusas, absurdas extrañas, infantiles quizá, no quizá, seguramente.
Seguramente, seguridad y la llave a la bondad con el ser, aunque sea de papel y no sirva para nada, sé letra, le dijo, sé letra, pero qué letra podía callar el silencio hostil y eterno en que se dejaba al final del día, qué sutil y encantadora melodía de palabras haría parecer el silencio un arrullo, en ese sueño profético que acababa por repetir cada noche que el aliento a verso la dejaba.
Odiar la poesía, por sosa, por no tener sentido, por no tener utilidad, por no tener aplausos ni colores, pero colores sí tenía, si no... cómo escribir sin colores. La palabra, bicho bullente que zumba y zumba en mi habitación escondida de un mundo que definitivamente no la busca, optar por volverse loco en dosis semanales, quisiera un lugar de niebla donde cada eco de mi voz fuera una palabra ajena, reconociéndome, perdonando al fin todas las culpas, amar como única forma de perdón, "así tal como estás, así te quiero", eso es algo que no se escucha por aquí, sólo ese "bssss" que intuyo poesía próxima o delirio injustificado, pero siempre traspasable al idioma en que suena bien y no se entiende nada.




miércoles, 5 de noviembre de 2008

Volver

Palabras, otra vez las palabras, en este poco dinámico fluir hipomaníaco de significantes convulsos y un poco disparejos, pierdo el hilo, si pierdo el hilo con qué coso la herida, mañana viene la prisa, mañana viene el sol y una vez más comenzar la huída hacia el disimulo, la mirada atenta, la sonrisa fácil, la mano se apoya en otro brazo, palmea la otra espalda, acaricia el pelo de alguien, como si el cariño fuera eso, como si el resto importara al menos algo. Pero para qué aclarar la noche si así como está basta sobra y hasta estorba un poco, porque hace tanto que no miro la luna, te acuerdas? la luna cristalina siempre dejaba ver el otro lado de la noche, con los años (qué pocos son, qué hartos parecen) la luna se me ha puesto densa, densa y colorada como la vida, como el engaño de saberse y de creerse completa, figura cerrada, pero era cristalina yo misma al final de la jornada, me quise existencia y me gané un río de sal que no me llevaba a ninguna parte, al final siempre estaban las palabras, como riéndose de mi atrevimiento, volverás, me dijeron, y volvía.
Entonces todo se volvía extraño, como una nueva dimensión en que ya no importaba si decir o callar, las suaves ausencias de un mundo de figuras sólidas pero improbables, cómo quise yo calmar las ansias todas, cómo quise yo quemarme en un soplo de mi propia voz, pero era otra cosa, siempre usar más palabras de las adecuadas, siempre del otro lado unos ojos que interrogaban, no por lo que había detrás, sino por desentrañar lo evidente, lo que yo adornaba, oh, arte barroco de transfigurarlo todo y quedarse con las manos llenas de colores y con los ojos sombríos.
Sabemos que nunca fue suficiente, siempre quedó la sensación de haberlo desaprovechado, alguien le dijo que escribía, pero sólo había olvidado cómo llorar, era el engaño, palabras de sal que humedecían el mundo aunque no fuera notado, aunque no fuera notada. Al final del día quedaba reírse de su propia ingenuidad, eso y esperar la luna.
A pesar del tiempo, porque el tiempo tiene eso, que pasa y pesa en igual medida y siempre sonriente, a pesar el tiempo quedaban las escamas, nuevas cicatrices quemando la piel de quien se llagaba, quemando los pasos vencidos de espuma y de mundos abiertos.
No pasaba nada, sólo que el volver tenía eso, desprenderse de una herida como quien escribe, callarse las manos como quien se mata, abrirse camino como quien se miente, y volver pesaba no porque fuera volver, sino porque siempre era quedarse. Quedarse, única forma de dolerse.