domingo, 5 de julio de 2009

Cansina

En busca del mejor lugar y de la escritura perfecta, esa sin uñas ni dientes, por una vez abstraída de ciertas dualidades peligrosas o de su revés igual de peligroso y sin embargo tediosamente inocuo.
He de perecer a la voluntad del ser, agua o alguna otra cosa sin consistencia alguna, encerrada sin remedio en lo más hondo de un no-ser que quema el ansia o la despedaza de a mucho, pero ni tanto, porque al final es lo que hay, trozos de nada flotando por todas partes y dios (dios!) nos libre de vernos apretujados con otros en la tormenta irrefrenable de los sentidos, esa que esquivamos tanto tiempo con el morbo del que no entiende nada.
Y todo esto a pito de qué? Quién sabe, quizá es el exceso de materias primas y de materias tías y de materias madres, la falta de materias hijas y de materias grises, sobre todo.
A modo de complacencia por una vez en tu vida podrías decir y hacer lo que se espera, pero complacencia contigo, podre apredeadora de espejos que descubre tarde que en lugar de golpes consigue trizas.
En semblanzas se han visto peores halagos que esta lotería de justificaciones, lo loba terminaba por aburrirse y se echaba a un rincón de la consciencia mineral del fuego y la podredumbre.
La náusea era esta, pero no se entendía así de fácil, el egoísmo es pedirle que se quede ¿quién a quién? Nadie a nada.
Partir y retroceder y que por favor esta vez no sea lo mismo, pero si es lo mismo por favor que sea como debió ser, ya bastante tenemos de medias tintas y de letras que sin sangre quedan.
Lo loba tiene el carisma de un espantapájaros y permanece reticente a tomar las palabras con las manos y hacerlas tira para que sí, para que bueno, para que por qué no.
Yo hablé y hablé y fueron los colores y las sombras y los sucedáneos y finalmente todo se redujo al grito, pero el mismo grito de siempre, el grito mudo y ausente que espera brillar por su ausencia e iluminar lo no dicho, el problema es que cuando le cae la luz, resulta.. a todas luces... decepcionante.
Si tan sólo quisiera hacer el intento le serían dados todos los colores de la furia, pero se queda ahí, mirándose las manos, llenas de heridas por lo demás, vacías de tinta por lo de menos.
Y nunca más decir algo que dé señales sobre lo que se diría en realidad si se dijera lo que se debería decir, o bien no.
Me dije tres veces mi nombre y no aparecí no, pero es que no sabía que era otro, tonta de mí, tan predecible y concreta, tan cubista y dadaísta, tan ancestralmente ciega, tan falsa y reduccionista (la rima cumple una función estricamente lúdica y prepúbica).
Desaparecer de mil maneras, la frívola paulatinamente cubierta, saneada, limpia de miradas suspicaces. Oh, ser esa estatua.