Atoro, una ruptura en el centro, ecos siniestros del único silencio posible, y al final, la rudeza, descomponiéndome, acariciando la piel muerta que carga el mundo con su hedor de mentiras y fragilidad exhuberante, cómo hacer el llamado necesario, cómo doblar la esquina de la desesperación y entregar una porción de este mundo a quien no quisiera mirarlo ni de lejos, porque quién podría querer mirarlo aunque sea de lejos.
Sentirse amada, sentirse recibida, perdonada o al menos culpada por las injurias y el viento, ylos días que pasan y los venideros sueños sin confort. siempre tratar de llegar al punto en que necesito estar, siempre terminando por ser expulsada de mí, de esa yo que requiere la asistencia de otros, otros oscuros y borrosos que son oídos mal y que oyen aún peor.
La vergüenza no viene del retroceso, viene de la soledad pegada a la piel, viene del saber que no hay más que eso, y no es importante, por supuesto que no es importante, porque es complicado, es fácil retirarse por la ventana cuando la puerta se ve difícil o peligrosa o ajena.
No sé hacer esto, sigo en el mismo track, hace años que no salgo del mismo track, es pegajoso y a nadie más le gusta, lo ofrezco, lo publico, lo intento, juro que lo intento, pero lo hago siempre mal, al final es siempre igual, yo y la nada de un mundo que se me deshace, se me desvanece se me arranca, pero no me es arrancado (quién lo querría, al pobre).
Sin identidad, sin más que un puñado de revelaciones inquietantes, un sentir que se ha llegado más allá del último recurso y que nuevamente no se tiene nada, y después la culpa, porque es ofensivo decir que no se tiene nada, hay que darle valor a todo y ver el sol y todo eso, aunque uno se seque, aunque uno se muera, aunque no parezca haber forma de hacer que las cosas pasen, al final es siempre una cuestión de actitud, linda forma decir que uno mismo es el problema.
Cargar con la insoportable levedad del ser y otras cosas que algún otro haya escrito, la paradoja y volverse invisible y no saber nada y necesitar, siempre necesitar y nunca conseguir, siempre necesitar y no ser necesidad de otros, siempre quejarse y dar golpes a las paredes imaginarias que se estrechan sin sentido ni consecuencia, digamos que nunca estuve, digamos que era mentira, digamos que pariendo palabras me voy a salvar la vida, como si fuera posible que fuera de otra forma.
Y sí, parezco completamente de 17, quizá esta vez si aprenda algo, o quizá de una vez por todas termine el show, el goce, wathever.