Sencillo excavar las razones que pueda tener para esto, aburrida ya de los cuestionamientos que lamentablemente comparto pero que de todas formas me emputecen. Quién se atreve a decir lo que no sabe, lo que no sería capaz de intuir. Quién cree que puede decir lo que debo o no debo pensar. Por mi bien, ja.
Así y todo me queda la rabia, la amargura de otras voces resonando en la cabeza tonta que va y escucha. Las mezclas hacen del desconcierto un lugar común, familiar y hospitalario, convalecencia feroz y la certeza de no ser.
Me quedo, después de todo, quién sabe por qué.
Fueron miles los ojos que miraron, las bocas que dijeron y yo me quedé, cuál será el epílogo de toda esta hazaña ciega que lo único que hace es avergonzar a la que desde otro tiempo mirará.
La moraleja se vislumbra, sin embargo permanezco.
Demonios, tanta alegría y tan poca.