Los lúcidos mandan señales para todas partes, se juntan y se cuentan lo mal que les ha ido recibiendo respuesta.
Los lúcidos se encuentran en la calle, en las vitrinas, en la gente, en otros países, en escritores muertos, en películas lateras, en conversaciones, en etcéteras.
Los lúcidos se citan en el lugar de siempre, piden lo mismo de siempre y se largan a hablar de sus encuentros en la calle, en las vitrinas, en la gente, en otros países, en escritores muertos, en películas lateras, en conversaciones y sobre todo en etcéteras.
A veces los lúcidos se quedan callados, pero hablan al tiro a ver si se les olvida que en realidad no son muy lúcidos.
A veces a los lúcidos se les olvida volver a hablar y se forma una masa espesa que tratan de interpretar de muchas formas para no mirarse a los ojos en silencio.
Pero nos miramos, lúcidos lucidos, ciegos, tontos, lesos.
(¿sabes que "leso" es "que ha sufrido daño"?)
Nos miramos y nos da un susto tan grande que el otro nos esté mirando y que vea cosas que no queremos mostrar ni ver ni saber ni nada de nada de nunca de jamás.
Hoy los lúcidos se ganaron el nombre, yo sé que perdieron el lugar de siempre, que quedó allá en la etapa en que eran lucidos y no lúcidos.
Pensaron tanto que la lucidez venía de las palabras, montones de palabras, de lo confortable del lugar conocido... pero eran mucho más lúcidos sentados en la calle, confundidos, sorprendidos, con las cabezas juntas, el frío y la gente.
Yo me paré afuera de tu puerta, pensé que a estas alturas la llave que me diste no era sólo la del antejardín, me explicaste que en la puerta de casa pusiste minas para que nadie entrara, hubiera sido mejor saber antes de que algunas hicieran explosión, pero al final no importa, salí i-lesa, lúcida y tú también i-leso y lúcido. No soy tan ingenua de pensar que este fue el último intento por impedirme el ingreso, pero sabrás que me voy a quedar parada acá, porque cuando todo es perfecto, quedarse es fácil, hazlo difícil, a ver si cambias en algo mis ganas de hablarte de las veces que te encuentro, sobre todo en etcéteras.
Yo te digo, vivo aquí.
Dos cosas más:
la magia
la belleza
Tenías razón, había que escribirlo.